Saltar al contenido

Psicoterapia corporal y relación con la comida: cuando el cuerpo llega antes que las palabras

María del Mar Cinto

Acuarela de una cocina a oscuras con la nevera entreabierta; su luz cálida se alarga por el suelo hasta una mesa y una silla vacías.

Son las once de la noche. La cocina está a oscuras, salvo por la luz de la nevera abierta.

No tienes hambre, o no exactamente. Has tenido un día largo, has contestado a todo el mundo, has hecho la cena y la has recogido. Ahora estás delante de las baldas, buscando algo que no sabes muy bien cómo nombrar. Coges algo para comer casi sin pensarlo.

Sabes lo que dicen los artículos sobre el hambre emocional. Podrías explicárselo a una amiga con todo detalle. Y, sin embargo, aquí estás, otra vez.

En consulta encuentro a menudo esta contradicción: personas que comprenden muy bien lo que les pasa, pero que siguen sufriendo porque no consiguen vivirlo de otra manera. Se frustran, se exigen más y terminan preguntándose qué les falta por entender. A veces, después de muchos años repitiendo el mismo patrón, llegan incluso a pensar que siempre será así.

Pero saber por qué hacemos algo no siempre basta para dejar de hacerlo.

Lo que vemos en la relación con la comida puede ser solo una parte de una historia más amplia. A veces, comer ayuda a aliviar el cansancio, a sostener una emoción difícil o a encontrar un momento de pausa cuando no sabemos cómo concedérnoslo de otra manera. Otras veces intervienen la restricción alimentaria, el estrés, los hábitos o la sensación de haber perdido el control. Cada historia es diferente.

Por eso, además de comprender lo que pensamos y hacemos, me interesa explorar cómo vivimos esas experiencias, qué ocurre en nuestro cuerpo y qué función cumplen determinados patrones en nuestra vida. No para encontrar una única causa escondida, sino para comprender qué nos sucede y abrir otras posibilidades.

Entre 2024 y 2026 me formé en el Máster en Psicoterapia Corporal Somato-Sensorial del Institut Besai de Psicoterapia Somato-Sensorial. Actualmente integro esta mirada en mi trabajo como psicóloga sanitaria, especialmente cuando acompaño a personas con dificultades en la relación con la comida, la imagen corporal, la ansiedad y la regulación emocional.

En este artículo quiero explicarte qué es la psicoterapia corporal, qué puede aportar al trabajo terapéutico sobre la relación con la comida y cómo es venir a consulta desde esta perspectiva.

Qué es la psicoterapia corporal

¿Te ha pasado alguna vez que entiendes perfectamente por qué algo te afecta, pero sigues reaccionando de la misma manera? Sabes que puedes decir que no, pero te cuesta hacerlo. Sabes que no tienes que exigirte tanto, pero descansar te genera inquietud. O quieres expresar lo que necesitas y, cuando llega el momento, te quedas en silencio.

A veces, comprender lo que nos ocurre no basta para que algo cambie.

La psicoterapia corporal parte de una idea: nuestra historia no está hecha solo de recuerdos y pensamientos. También se expresa en nuestra manera de sentir, de movernos, de relacionarnos y de estar en el mundo.

Por eso, en las sesiones hablamos de lo que te preocupa, de tu historia y de lo que estás viviendo, pero también prestamos atención a lo que sucede mientras lo contamos. A las sensaciones que aparecen, a los movimientos que surgen espontáneamente, a lo que cuesta expresar o a aquello de lo que necesitamos apartarnos.

No se trata de interpretar cada gesto ni de buscar una emoción escondida detrás de cada tensión. Se trata de escuchar la experiencia corporal con curiosidad, sin forzarla ni dar por hecho lo que significa.

Desde una mirada corporal y somatosensorial, podemos explorar cómo has aprendido a protegerte, a responder a las necesidades de los demás, a poner límites o a sostener determinadas emociones. Y hacerlo respetando tu ritmo, sin exigirte que sientas algo concreto ni que revivas experiencias para las que no estás preparada.

La relación terapéutica también forma parte de este trabajo. Poder expresar algo y sentirte escuchada, reconocer que necesitas espacio o descubrir que puedes decir que no son experiencias que, poco a poco, pueden abrir otras posibilidades de relación contigo y con los demás.

La psicoterapia corporal no consiste en aprender a controlar el cuerpo ni en conseguir estar siempre en calma. Consiste en comprender mejor cómo has llegado a estar donde estás, escuchar lo que te sucede y ampliar tus posibilidades de respuesta.

Porque a veces no necesitamos entenderlo todo un poco más. Necesitamos encontrar una manera diferente de vivir aquello que ya comprendemos.

Por qué la relación con la comida pasa por el cuerpo

Nuestra relación con la comida empieza mucho antes de que podamos ponerle palabras. En los primeros momentos de la vida, necesitamos de otro cuerpo para alimentarnos, regularnos y sentirnos a salvo. No solo necesitamos alimento: necesitamos contacto, presencia y una respuesta a nuestras necesidades.

Poco a poco, nuestro cuerpo va construyendo una manera de estar en relación con el mundo a partir de esas primeras experiencias. Aprendemos, a través de ellas, cómo se siente necesitar, qué ocurre cuando expresamos una necesidad y si encontramos a alguien que pueda acogerla.

La comida, aunque no es lo mismo que el vínculo, puede quedar entrelazada con estas experiencias. Por eso, a veces, lo que sucede al comer no tiene que ver únicamente con el hambre o la saciedad. También puede estar relacionado con la manera en que hemos aprendido a calmarnos, a sostener lo que sentimos o a responder a nuestras propias necesidades.

Comprender nuestra relación con la comida implica, también, escuchar la historia que nuestro cuerpo ha ido construyendo. No para encontrar una única causa en el pasado, sino para entender qué función cumple hoy aquello que nos ocurre y qué necesitamos.

Cuando la comida también consuela

Al principio de la vida, necesitamos a alguien que nos ayude a regular lo que todavía no podemos sostener por nosotras mismas. Cuando un bebé llora, quien lo cuida intenta comprender qué necesita: quizá tiene hambre, quizá necesita contacto, calor o sentirse acompañado. Alimentar también puede ser una forma de cuidar, y en esos primeros momentos la comida forma parte de una experiencia mucho más amplia: la de necesitar a alguien y recibir una respuesta.

A lo largo de la vida vamos encontrando distintas maneras de acompañar lo que sentimos. Hablamos con alguien, buscamos contacto, descansamos, lloramos o salimos a caminar. Pero no siempre tenemos disponibles esos recursos. A veces estamos tan cansadas, desbordadas o acostumbradas a atender las necesidades de los demás que nos cuesta reconocer qué necesitamos nosotras.

En esos momentos, comer puede ofrecer alivio. No porque haya nada malo en encontrar placer o consuelo en la comida, sino porque, en determinadas circunstancias, puede convertirse en una de las pocas maneras que encontramos de sentirnos mejor, aunque sea durante un rato.

Por eso, cuando alguien come sin hambre física y siente que no puede parar, quizá la pregunta no sea cómo conseguir más fuerza de voluntad, sino qué está ocurriendo y qué función está cumpliendo la comida en ese momento.

No para dejar de utilizarla a toda costa, sino para comprender qué necesita esa persona y ampliar, poco a poco, sus posibilidades de atenderse.

Comer es una experiencia corporal

Comer no consiste únicamente en ingerir alimentos. También implica percibir el hambre, reconocer cuándo estamos saciadas, notar el placer de comer y registrar cómo nos sentimos antes, durante y después.

Sin embargo, no siempre resulta fácil identificar esas señales. A veces cuesta distinguir el hambre física de las ganas de comer que aparecen cuando estamos nerviosas, cansadas o desbordadas. Otras veces, llevamos tanto tiempo siguiendo reglas externas sobre cuándo, cuánto o qué deberíamos comer que nos resulta difícil reconocer qué estamos sintiendo realmente.

En psicología, la capacidad de percibir e interpretar las señales que proceden del interior del cuerpo se conoce como interocepción. La investigación ha encontrado diferencias en el procesamiento de estas señales en personas con dificultades relacionadas con la alimentación. Sin embargo, todavía no podemos afirmar que esas diferencias sean la causa de dichos problemas: la relación es compleja y puede funcionar en ambas direcciones.

Desde una mirada corporal, además de preguntarnos qué sentimos, podemos explorar cómo vivimos esas sensaciones. ¿Qué ocurre cuando aparece el hambre? ¿Nos permitimos atenderla o intentamos aplazarla? ¿Qué sentimos cuando estamos saciadas? ¿Podemos parar o aparece la necesidad de seguir, aunque una parte de nosotras ya no quiera?

No se trata de aprender a interpretar el cuerpo como si siempre nos ofreciera respuestas claras. Se trata de recuperar la posibilidad de escucharlo sin juzgar de antemano lo que sentimos.

Porque, cuando la relación con la comida se vuelve difícil, el trabajo no consiste únicamente en cambiar lo que hacemos al comer. También puede implicar comprender cómo nos relacionamos con nuestras sensaciones, qué lugar les damos y cuánto espacio tenemos para atenderlas.

Psicoterapia corporal y relación con la comida: cómo es venir a consulta

Si vinieras a mi consulta en Barcelona, quizá llegarías con nervios y sin saber muy bien por dónde empezar. O quizá llevarías días pensando qué contarme y vendrías con todo preparado. Las dos formas están bien.

No necesitas saber explicar perfectamente lo que te pasa. Podemos ir encontrando las palabras juntas, a tu ritmo. Mi trabajo no consiste en arreglarte ni en darte más reglas que cumplir, sino en acompañarte a comprender qué estás viviendo y cómo podemos trabajar con ello.

Trabajo desde la psicoterapia corporal y somatosensorial. Esto significa que, además de hablar de tu historia, tus pensamientos y tus dificultades, prestamos atención a cómo vives lo que te sucede: qué sientes, cómo reaccionas, qué te cuesta expresar y qué ocurre en tu cuerpo cuando nos acercamos a determinadas experiencias.

A veces sabemos perfectamente lo que nos pasa, pero seguimos sin poder hacerlo de otra manera. Entendemos que no necesitamos exigirnos tanto, pero no sabemos parar. Queremos poner un límite, pero terminamos cediendo. O comemos para aliviar algo que todavía no sabemos cómo sostener.

En consulta podemos explorar esos patrones, comprender qué función cumplen y descubrir otras posibilidades. No se trata de buscar una explicación para cada gesto ni de forzar cambios, sino de ir entendiendo tu experiencia y ampliar, poco a poco, tus maneras de responder a lo que vives.

Cuando trabajamos la relación con la comida, no nos quedamos únicamente en qué comes, cuánto comes o cuándo lo haces. Nos interesa también qué ocurre antes, qué experimentas mientras comes y cómo te sientes después. La comida forma parte de tu historia, pero no te define. Y lo que hoy te resulta difícil merece ser comprendido, no juzgado.

¿Y cómo es la primera sesión?

Es un espacio para conocernos y empezar a ordenar lo que te trae a consulta. Te haré preguntas para comprender tu situación, pero no tienes que contarlo todo de golpe ni encontrar las palabras exactas. Al final, compartiré contigo lo que he ido comprendiendo y las primeras conexiones que podamos explorar. También habrá espacio para tus dudas y para que valores cómo te has sentido conmigo.

El proceso no sigue un calendario idéntico para todo el mundo. A veces notarás cambios pronto; otras veces necesitarás tiempo para comprender algo, probar una manera diferente de responder o darte cuenta de que vuelves a hacer lo de siempre. Eso también forma parte del trabajo.

Y puede llegar un día en que te preguntes: «¿Ya está? ¿Estoy mejor?». Quizá notes que algo que antes te desbordaba ahora puedes sostenerlo de otra manera. Que te permites descansar sin sentir tanta culpa, que puedes escuchar tus necesidades o que la comida ocupa menos espacio en tu cabeza.

No siempre hay una gran revelación que lo cambia todo. A veces, el cambio se reconoce en esas pequeñas cosas cotidianas que antes parecían imposibles y que, poco a poco, empiezan a ser diferentes.

Y desde ahí, seguimos valorando juntas qué necesitas y cómo quieres continuar.

Acuarela de dos pies descalzos apoyados en un suelo de baldosas claras.

Lo que sabemos y lo que todavía no

Me importa que sepas desde qué lugar trabajo y qué podemos afirmar sobre la psicoterapia corporal.

La investigación sobre psicoterapia corporal ofrece resultados prometedores. Una revisión de 18 ensayos clínicos publicada por Rosendahl y colaboradores en 2021 encontró mejoras moderadas en el malestar psicológico y la psicopatología. Sin embargo, los estudios presentaban diferencias importantes entre sí y sus autores señalaron la necesidad de investigaciones más amplias y rigurosas para confirmar estos resultados.

Esto significa que contamos con indicios favorables, pero todavía necesitamos más investigación para conocer mejor qué intervenciones funcionan, para quiénes y en qué circunstancias.

Con la respiración consciente también es importante ser prudentes. El Ministerio de Sanidad señala que los estudios disponibles tienen limitaciones y que sus resultados no pueden trasladarse automáticamente a la práctica clínica.

Por eso, en consulta no presento la psicoterapia corporal, la atención a las sensaciones o la respiración como soluciones universales. Las integro en un proceso terapéutico que tiene en cuenta tu historia, tus circunstancias, tu relación con la comida y lo que necesitas trabajar.

No te voy a prometer resultados que la investigación todavía no puede garantizar. Prefiero explicarte cómo trabajo, escuchar qué te ocurre y valorar contigo qué puede ayudarte.

Psicología, alimentación y cuerpo en la misma mesa

En Idou trabajamos la relación entre la psicología y la alimentación, en la misma consulta, y el cuerpo es un lugar donde suceden las dos cosas. Es donde se notan las sensaciones de hambre y de emoción, y donde, al final, sucede el acto de comer. Si quieres saber más de cómo trabajamos, lo tienes en psiconutrición en Barcelona. Y si lo tuyo es más bien comer cuando estás nerviosa, cansada o triste, quizá te sirva también este artículo sobre hambre emocional y ansiedad por comer.

Acuarela de una mesa con mantel de raya azul, dos tazas, una coral y otra azul, un plato con una servilleta y migas, y la sombra de una ventana.

Algo que puedes probar antes de conocernos

Antes de conocernos, me gustaría proponerte algo pequeño. No para cambiar tu manera de comer, sino para observar cómo estás.

La próxima vez que te sientes a comer, si te apetece, dedica unos segundos a notar cómo llegas a ese momento. Quizá sientas hambre, cansancio, nervios o simplemente ganas de comer. Puedes notar los pies en el suelo, el apoyo de la espalda o cómo estás respirando.

No necesitas encontrar una explicación ni decidir si deberías comer o no. Puedes tener hambre y estar nerviosa al mismo tiempo. Puedes necesitar descanso y también disfrutar de la comida. Una cosa no invalida la otra.

Si otro día te descubres buscando algo de comer sin saber muy bien qué te ha llevado hasta allí, puedes observarlo con curiosidad, siempre que hacerlo te resulte amable. Quizá ha sido un día difícil, quizá necesitas una pausa o quizá simplemente te apetece comer algo.

No tienes que resolver nada en ese instante. Puedes comer, parar o seguir con lo que estabas haciendo. No hay una respuesta correcta que tengas que descubrir.

Y si prestar atención a lo que sientes te genera más malestar, te hace dudar de si tienes derecho a comer o aumenta la vigilancia sobre tu cuerpo, deja el ejercicio. No necesitas observarte más ni hacerlo todo por tu cuenta. A veces, comprender lo que nos ocurre requiere un espacio acompañado.

No se trata de aprender a hacerlo bien, sino de empezar a mirarte de otra manera.

Y si algún día nos encontramos en consulta, puedes contarme cómo ha sido. Si has notado algo, si te ha resultado difícil o si no ha pasado nada especial. Todo eso nos puede ayudar a comprender tu experiencia.

Cuándo hace falta algo más. Si te provocas el vómito, tomas laxantes, has perdido peso deprisa, se te ha retirado la regla o tienes mareos o desmayos, ve también a tu médico de cabecera. Si es una urgencia, llama al 112; si piensas en el suicidio, al 024.

Y si un día vuelves a encontrarte delante de la nevera abierta, quizá puedas quedarte un momento ahí, con esa luz fría en la cara, y preguntarte con cariño qué estabas buscando. Si te apetece mirarlo con calma y en compañía, en la página de psiconutrición tienes cómo pedir una primera sesión, en Barcelona o por videollamada.

Muchas gracias por leer hasta aquí. Un abrazo,

Mª del Mar

Psicología y nutrición en la misma consulta.

Qué es la psiconutrición
Llamar WhatsApp (se abre en una pestaña nueva) Escribir