¿Cuándo necesitas una psiconutricionista y cómo podrá ayudarte?
En el momento en que empiezas a intuir que las dietas no solo no te funcionan, sino que te causan más problemas que bienestar, entonces es probable que te plantees si lo que necesitas es una psiconutricionista: alguien que pueda ayudarte no solo a mejorar tu relación con la comida, sino además, a vivir de otra manera, con más calma, menos estrés y menos culpa.

Porque pasarte el día entero pensando en comida, en lo que deberías comer, o en las “compensaciones” que deberías hacer, en definitiva, acaba afectando toda tu vida. Y, a la vez, el querer controlar la comida suele ser un indicador de que hay otros aspectos de tu vida que necesitas gestionar.
Pero vamos por partes. Hay momentos en la vida en que hacemos un cambio: tomamos consciencia de cosas que durante años no veíamos, y empezamos a buscar una solución diferente.
Por ejemplo, darte cuenta de que cuando pasas por momentos de estrés comes más rápido, o escoges alimentos que no te sientan bien, es tomar consciencia sobre conductas que te están diciendo algo. ¡Y eso ya es un gran paso!
Ahora bien, para encontrar ese “algo” y aprender a gestionar el estrés de otra manera, sanando tu relación con la comida y mejorando tu bienestar, una psiconutricionista te podrá ayudar.
Pero esto es solo un ejemplo. En este artículo vamos a tratar el tema en profundidad, para que puedas encontrar respuesta a todas tus preguntas sobre cuál es el trabajo de una psiconutricionista, y cómo podrá ayudarte a adquirir hábitos para cuidarte y estar en paz en todas las áreas de tu vida.
¿Cómo saber que necesitas una psiconutricionista?
La primera pregunta que vendrá a tu mente es si en este momento necesitas una psiconutricionista, y si hay indicadores que puedan estar diciéndote que es el momento de pedir ayuda.
Ten en cuenta que, realmente, la comida no es el problema. Una mala relación con la alimentación es un síntoma de algo más.
Así que, voy a dejarte unas cuantas pistas a continuación, que te orientarán sobre cuáles son esos síntomas concretos que hacen las veces de alarma.
Por ejemplo, puede que sea momento de buscar la ayuda de una psiconutricionista si:
- Te pasas el día pensando en lo que comes o dejas de comer
- No te permites disfrutar de los (mal llamados) alimentos prohibidos
- Vives en un círculo constante de restricción y descontrol con la comida del que no logras salir. En cuanto sientes que “te has liberado”, llega la culpa, y piensas que deberías empezar una nueva dieta.
- No disfrutas de los eventos familiares o con amigos, si son en torno a una mesa con comida
- Te cuesta expresar emociones, al punto que acabas sintiéndote desbordada. En ocasiones, buscas gratificación o placer en la comida, para llenar ese vacío o calmar la ansiedad, el estrés o el cansancio.
- No estás a gusto con tu imagen corporal
- Intuyes que hay algo que no va bien en tu relación con la alimentación, aunque no sepas explicar qué es
¿Te identificas con una, varias o todas estas situaciones? Si es así, deja que te explique algo más acerca de la psiconutrición, que te ayudará a comprender cómo te podría ayudar una psiconutricionista.
¿Cómo se relaciona la psicología con la nutrición?
Tu relación con la comida, como cualquier otro tipo de relación, está marcada por las emociones, los pensamientos y las creencias, ya sean conscientes o inconscientes.
En consecuencia, tus actitudes y conductas influyen directamente en tu forma de alimentarte.
Piensa, por ejemplo, cuando te encuentras en una situación tensa, da igual si es con otra persona, o generada por el trabajo, o el estrés del día a día y las mil obligaciones que tienes… Estas circunstancias externas a ti te provocan una reacción: primero nace en forma de pensamiento, luego se convierte en emociones y por último, te impulsa a tomar acción.
Por ejemplo, imagina que tras un día estresante, llegas a casa. Puede que hayas ido a recoger a los niños si tienes, o bien que tu perro te esté esperando con ganas de salir, o que tu madre o tu padre, ya mayores, te reclamen y necesiten que pases por la farmacia o a hacerles un recado. Sea por lo que sea, vuelves cansada, estresada, y te ocupas de ellos antes de haber tenido, ni que sea, 10 minutos para ti en lo que va del día. Ya son las 5, las 6 o las 7 de la tarde, toca preparar la cena, y mientras la preparas vas picoteando porque ni puedes sentarte, no vaya a ser cosa que la rueda se detenga.
Te sientas a cenar, pero no estás presente: tu cabeza está en el peque que no quiere comer, en el perro que no deja de ladrar, o en bucle pensando en eso que te dijo tu madre y te sentó mal, cuando tú te desvives por ayudarla.
Cuestión que, tras comer, te sientes pesada. Piensas que has comido mucho, o demasiado rápido, y aun así tienes hambre, porque no sabes ni qué te has llevado a la boca. No estabas presente, no disfrutaste de la comida, y entonces aunque estés llena buscas algo dulce para compensar.
Te vas a dormir con culpa, porque tu voz interior te dice que “no solo no has llegado a nada, sino que además has comido de más y te pasará factura”. Te propones hacerlo diferente mañana, pero al día siguiente vuelves a subirte a la rueda y no tienes ni 10 minutos para ti.
Es un bucle que, de no romper, puede ser infinito. Pero, ahora que entiendes cómo funciona, te darás cuenta de que no es posible hacer un cambio solo si te enfocas en la comida, sino que hay que atender el aspecto psicológico para llegar hasta el origen: los pensamientos, las emociones y los hábitos que hemos construido con el tiempo.
¿Qué significa que la comida está relacionada con lo emocional?
Realmente no es la comida en sí la que esté relacionada con las emociones, sino que es el acto de comer, la conducta, lo que se relaciona con nuestras emociones y pensamientos.
Como seres humanos, podemos tener “hambre” de muchas cosas: de amor, de cuidado, de apoyo, de descanso, de compartir…
En ocasiones, esas necesidades, que en los primeros años de vida son tan importantes como la comida para la subsistencia, no han sido del todo cubiertas. La comida ha jugado, entonces, un rol emocional. Piensa, por ejemplo, a cuántos niños o niñas se les da comida para que no lloren.
Y no por maldad, sino porque la dificultad del propio adulto para gestionar esas emociones le lleva a querer hacerlo a través de la comida. Si lo piensas, es un círculo realmente.
Por otra parte, los sentidos asociados a la comida -el gusto, el olfato, la vista- pueden conectarnos con recuerdos, que nos generan, a la vez, cierta emoción. Por ejemplo: el cocido de la abuela, el croissant de la pastelería del pueblo… Ciertos alimentos nos generan emociones, y esto no tiene nada de malo. Por el contrario, disfrutar de alimentos que nos traen recuerdos bonitos, y hacerlo con consciencia y sin culpa es parte de sanar la propia relación con la comida.
En todo ello, también, puede ayudarte una psiconutricionista.
Entonces, ¿se puede “tratar” el hambre emocional?
Aquí he dejado “tratar” entre comillas, porque no es que el hambre emocional sea algo malo, que haya que tratar.
Por eso, una psiconutricionista lo que hará es ayudarte a gestionar el hambre emocional, de una manera consciente y desde un enfoque amable.
Esto implica encontrar el camino hacia todos esos estresores que ahora mismo tienes en tu vida, sí. Pero, también, quiere decir que te acompañará en tu camino hacia una vida más consciente y plena, en la que puedas dejar a un lado la culpa y la prohibición, tan características de la cultura de la dieta.

Cada persona es un mundo, y por eso el proceso de psiconutrición se centra en la persona de forma holística. En entender y trabajar sobre cada una de las áreas de su vida, para ayudarla a crecer a través de estrategias que nutren el cuerpo y dan paz a la mente.
La vía de la psiconutrición es la que acompaña a la persona en el proceso de conocerse, valorarse y ser responsable del cuidado de su mente, su cuerpo y sus emociones.
Si te interesa dar el primer paso para recorrer ese camino, en este otro artículo del blog, encontrarás 4 estrategias de autocuidado por las que puedes empezar, aunque no dispongas de tiempo.
¿Cómo es el tratamiento con una psiconutricionista?
Quizás te sorprenda lo que estás a punto de leer, pero en las sesiones de psiconutrición poco se habla de comida. El acompañamiento terapéutico de una psiconutricionista se centra en trabajar las diferentes áreas de la persona, sus pensamientos, emociones y relaciones.
Porque como habrás ido descubriendo a lo largo de este artículo no se puede trabajar la alimentación, tu relación con la comida, o el hambre emocional, separándolo de tus vivencias diarias que tienen que ver con la forma en la que piensas y sientes.
Por eso, en una consulta de psiconutrición se abordan todos aquellos temas de los que tú necesites hablar, aunque sean cosas que pienses que no tienen nada que ver con la comida.
La consulta se adaptará a cada caso, con el objetivo de darte herramientas y estrategias para que puedas entender tu relación con la comida y tu cuerpo.
De esta manera, en la consulta con tu psiconutricionista, ella se dedicará a:
- Ayudarte a dar significado a tu relación con la comida y el cuerpo
- Acompañarte y darte herramientas para identificar tus emociones y así poderlas gestionar, encontrando más alternativas a la comida.
- Reconciliarte con tu cuerpo y aprender a sentirlo, escuchando sus señales y necesidades (saber conectar con la plenitud, la saciedad, etc.).
- Darte herramientas para observar dentro de la cotidianidad, otras formas de nutrir tu cuerpo de forma consciente
- Proporcionarte recursos para sanar las necesidades no cubiertas, aumentar tu seguridad y confianza en ti misma/o.
- Ayudarte a poner límites a cargas familiares, laborales y personales que puedan estar influenciando negativamente tu relación con la comida y tu cuerpo
- Tratar las barreras mentales que te impiden alcanzar una mejor relación con la comida y contigo misma/o.
¿Cómo escoger a tu psiconutricionista?
Esto es lo que debes tener en cuenta para encontrar a tu psiconutricionista:
- Es importante que te haga sentir cómodo/a, que puedas avanzar a tu ritmo, sin exigencias, ni juicios.
- Tiene que haber conexión, ya que el vínculo que se genera entre la psiconutricionista y la persona es clave para crear un espacio seguro en el que trabajar, sea o no físico (eso no importa tanto).
- Valora las herramientas que te facilita para gestionar lo que te preocupa y si personaliza los ejercicios que te propone, según tus necesidades.
Estas claves son básicas para que puedas hacer cambios de forma natural en tu vida y sentirte plena al ver que todo se pone en su sitio.
¿En qué se diferencia una psicóloga experta en alimentación de una nutricionista?
Mientras que la psicóloga experta en alimentación trabaja sobre las causas interiores que generan, por ejemplo trastornos o malestar en las personas, la nutricionista con un enfoque psiconutricional se encarga de ayudar a la persona a encontrar la mejor forma de alimentarse.
Una psicóloga experta en alimentación te guiará para que puedas lidiar con todos esos temas que ahora mismo te preocupan como el peso, tu imagen o la salud, al mismo tiempo que te ayuda a reforzar tu vínculo con la comida.
Y su trabajo es perfectamente compatible con el de una nutricionista. De hecho, como psicóloga y nutricionista, trabajo en equipo con otros profesionales enfocados específicamente en la nutrición y la alimentación.
Lo que es importante es tener en cuenta que las funciones de un buen nutricionista se basan en dos aspectos:
- EDUCAR
- DAR HERRAMIENTAS
Siempre, con la finalidad de que la persona pueda ser autónoma y lograr sus objetivos (por ejemplo, mejorar su salud reproductiva, aprender a comer, mejorar parámetros analíticos, comer en eventos sociales…)
De esta manera, un nutricionista puede ayudarte a:
- Detectar pensamientos y conductas limitantes, que no te dejan alcanzar tus objetivos.
- Ver qué hábitos alimentarios (y de vida) debes cambiar y cuáles te interesa mantener
- Romper mitos e ideas preconcebidas en torno a la alimentación.
- Aprender a descifrar el etiquetado de los alimentos.
- Construir hábitos para saber qué comprar
- Elaborar una planificación de comidas, acorde con tus necesidades (y a las de tu familia). De alimentación equilibrada a alimentación adaptada a alguna patología, alteración, déficit nutricional o etapa vital.
Un buen nutricionista siempre buscará adaptar las sesiones a las circunstancias de la persona que tiene delante. De esta manera, el trabajo que se hace en la consulta de nutrición se complementa a lo trabajado en la consulta de psicología especializada en la alimentación.
Psicología para alcanzar el equilibrio y la calma, nutrición para aplicarlo a los hábitos alimentarios
Psicología y nutrición se pueden complementar, aunque si la causa de los problemas o retos con la comida está basada en las creencias, pensamientos y emociones, sin la parte de la psicología, la persona no acabará de encontrar el equilibrio, ni la forma de cuidarse mientras come, para sanar su relación con la comida.
Y ya se sabe que no siempre poner parches o tiritas a los problemas es la mejor manera de solucionarlos, ya que acaban haciéndose más grandes con el tiempo.
Así que, si buscas seguir creciendo y encontrar una nueva forma de cuidarte que te haga sentir mejor en todos los aspectos de tu vida, siempre puedes reservar tu primera consulta aquí.
Espero que este artículo te haya sido útil. Si quieres hacerme cualquier pregunta, puedes escribirme desde el formulario de contacto.